QUEJIDOS DEL VIENTO AL ROZAR MI ALMA
De lejos, en la distancia, escuché los latidos, seguramente no eran nada, sólo quejidos del viento al rozar mi propia alma. Cada noche me confirmaba que no había estrella con tu nombre, y que el cielo no puede ser el mismo en cualquier parte del mundo. Me inventé a mí mismo para tenerte cerca, para dormir a los pies de tu cama, para adorarte aunque nunca supieras que allí estaba. Ahora ya no olvido, solo vivo, vendo mi alma al diablo y juzgo a los que no quieren oír mi voz.

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Se me acaba de ocurrir una idea, pero la voy a poner en práctica muy despacio. Pregúntame dentro de unos años...
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